lunes, 10 de agosto de 2026

El descanso del...militante, la vida sencilla

La palabra "militante" tiene un origen ligado a lo bélico, procedente del latín. No obstante, desde joven me he identificado como tal, por defender de forma activa, constante y organizada el proyecto cristiano de un mundo más humano para todas las personas, como soldado pacífico, sin violencia alguna, pero con todas las características de defensa, estrategia, desmontaje de las estructuras injustas, montaje de otras justas, épica de los logros conseguidos, retiradas parciales para curar las heridas habidas, reflexión y planificación de nuevas campañas, en diferentes campos de acción y diversas plataformas a lo largo de la vida.

El descanso ha culminado por fin a los 63 años y cinco meses, después de llevar varios años acusando un cansancio desproporcionado para las fuerzas que se tienen a partir de cierta edad, hasta el punto que suelo decir que me han sobrado 3 años de vida laboral, aunque haya cumplido con ella adecuadamente. Y esto ha sido de la mano de la jubilación laboral, ya que una vez trabajadas todas las horas que me exige mi empleo de toda la vida, según el vigente RDL 11/2024, desde el 12 de junio de 2026 soy ya un jubilado parcial anticipado que no tiene que trabajar más en su empleo. Cada mes me llega una pensión por el 75% de mi jornada, y también un salario por el 25% restante, hasta que, cuando cumpla 65 años, pase a cobrar una pensión del 100% de jornada. La tranquilidad que da esa seguridad económica, se la deseo a todo el mundo, porque soy partidario de la renta básica universal para todo/a ciudadano/a, aportando luego cada cual al común según su capacidad.

He dicho que ha culminado, porque ya llevaba años dando pasos efectivos hacia ese ansiado descanso, como sabrá cualquiera que me conozca y/o que haya seguido mi blog los últimos años:

-  En Viviendo el sexto día (abil 2018), aún tenía 55 años, pero ya ansiaba este momento, como tanta gente a esa edad, que tras una larga vida laboral, empieza a pensar en la jubilación a pocos años vista, aunque ésta sea cada vez más tarde.

- En 40 años de militancia cristiana (abril 2022), quería resaltar la efeméride desde que en 1982 comencé esa andadura. Ya hablaba en pasado, aunque todavía los motores seguían funcionando.

- En A punto de cumplir 60 años (agosto 2022), aún no sabía a qué hora exacta de mi séptimo día (la década de los 61 a los 70 años) podría descansar del todo, como nos dice el Génesis que hizo el Creador. Pero lo deseaba cada vez más.

Finalmente esa hora ha sido la 3ª, mis 63 años. Sin embargo desde los 60 ya había ido dejando responsabilidades en distintos campos de acción y plataformas militantes, tras muchos años en ellas. Ya solo me quedaba mi empleo, con unas peculiaridades muy poco frecuentes y muy cargantes. Ya que por un lado he sido profesor en un colegio concertado durante 37 años consecutivos, y aún voy a serlo sobre el papel hasta cumplir los 65, aunque ya no tenga que ir a trabajar por haber cumplido todas las horas, como he dicho. Y por otro lado, desde el 2 de septiembre de 2013 hasta el 25 de julio de 2026 he estado liberado de impartir clase en mi colegio, por decisión del Departamento de Educación, para dedicarme a defender al personal de mi sector desde el sindicato ELA, que propuso mi liberación a la administración. Esta combinación de dos componentes ha hecho que mi empleo haya conllevado a la vez un compromiso militante de primer orden, desde el campo sindical.

La implicación que me ha supuesto lo sindical ha sido muy grande, no solo en lo estructural, sino también en lo personal. Sin que nadie me lo exigiera, desde el principio decidí actuar como ese antiguo médico rural o ese párroco de pueblo que atiende a sus pacientes o a sus feligreses a cualquier hora, todos los días del año, subiendo si es preciso hasta el último caserío a poner una inyección o dar los últimos sacramentos a un moribundo. A riesgo de dar mal ejemplo, ante los nuevos límites para la desconexión laboral fuera de la jornada, he priorizado coger el teléfono a quien me llame, esté donde esté, sea laboral o festivo, y lo he hecho en Egipto, Portugal, en la playa, la montaña, desde mi casa, estando enfermo, conduciendo el coche o en mi oficina. Comencé mi liberación estando solo para atender a todo el sector (casi 3.000 trabajadores de unas 50 empresas), y eso me hizo actuar así, pues pensaba que me debía a esas personas y tenía que atenderles cuando les surgiera su problema. He de reconocer que aunque todo el mundo ha dispuesto de mi número de teléfono personal, nadie ha abusado de esa disponibilidad, lo cual habla muy bien de toda esa amplia plantilla. Aunque lo común han sido problemas sencillos, ha habido ocasiones que la persona afectada estaba en situaciones muy delicadas, como no hubiera ni imaginado. La satisfacción de haberles atendido como es debido, con dedicación y todas mis fuerzas, no tiene precio, ahora que contemplo toda esa labor de años.

Lo estructural es muy potente en una organización sindical, tanto de modo interno, como en su relación con las empresas por un lado, como con la administración pública por otro (más en un sector concertado con ella), y con todo el entramado normativo-legal de una sociedad democrática en este mundo capitalista en su deriva neoliberal. En ELA, además, al ser un sindicato independiente económica y políticamente, tiene unos condicionantes específicos respecto a la relación del militante liberado con estructuras políticas, que me afectó directamente, no siendo fácil de llevar, pero sin caer nunca en contradicción. La causa justa de apostar simpre por el más débil ha sido el carril por el que me he movido sin descarrilar nunca.

Acabada ya mi etapa sindical tras jubilarme, y desconectado de plataformas de compromiso, pretendo emprender un cambio de vida, tras tantos años como militante, para llevar una vida sencilla, inspirado en la del Jesús de Nazaret al que siempre he intentado seguir, con tantos fallos, y que él llevó durante nada menos que sus 30 primeros años.

La vida militante me ha llenado durante décadas, y he sido feliz en ella. Pero ha conllevado infinidad de reuniones a las que he asistido, muchas veces varias en un mismo día, y siempre con propósito, y con estrategia para intentar lograrlo, lo cual a veces llega a ser agotador. Además, por la propia dinámica, tan parecida a la del militans o soldado, pacífico en mi caso, ha conllevado astucia, prudencia máxima, mantenimiento en un difícil equilibrio, constancia, paciencia y dedicación. Durante 40 años esto ha sido lo que más me ha preocupado y también lo que me ha ocupado en gran parte: casi la totalidad del día en los 3 años que estuve sin empleo tras terminar la carrera; mucha parte del tiempo libre que me quedaba tras cumplir con mi trabajo, desde que tuve un empleo, entre semana y los fines de semana. Hasta tal punto que a veces el empleo me parecía un entretenimiento que me gustaba, y la atención más militante la ponía en todas las plataformas sucesivas en las que me comprometí a lo largo de mi vida: desde la animación de grupos juveniles, las tareas intraeclesiales en mi asociación pero también en los organismos diocesanos de Navarra, las responsabilidades en el Consejo de la Juventud de Navarra (responsable de cultura y vicepresidente), el compromiso en la coordinadora de ONGs de Navarra, en el consejo escolar de mi colegio (12 años secretario del mismo), en el diálogo fe-cultura actual, en la política, en el sindicalismo (desde mi comité de empresa hasta la mesa negociadora del sector)...

El colmo de la dedicación militante llegó con las redes sociales. Recuerdo que allá por 2011, una amiga periodista me dijo que me veía un perfil muy adecuado para Twitter, por los mensajes breves, incisivos, que podían influir en mucha gente. Yo por entonces no tenía ni Facebook ni Twitter, no las conocía demasiado, y me parecía frívolo aparecer en ellas. Sin embargo, cuando otra amiga me regaló "Comunicación y poder", de Manuel Castells, y vi la utilidad para la militancia de dichas redes, me introduje en ellas. Si hasta entonces siempre había militado a ciertas horas, mientras era posible reunirse, manifestarse, publicar en prensa, desde que entré en Twitter sobre todo, la militancia era posible a todas horas, de modo continuo, llegando a miles de personas inmediatamente. Durante 12 años estuve conectado permanentemente, con lo que ello supone. No por estar enganchado a las redes, sino por estar dedicado de lleno a la militancia, desde variadas dimensiones. En 2023, cumplidos mis 60 años, bajé bastante la dedicación, sobre todo en el tema político, en su sentido amplio, pues el partidista lo había abandonado años atrás. No obstante, el mero hecho de seguir en mi tarea de liberado sindical, me seguía exigiendo una dedicación también en las redes.

Ahora que ya me he jubilado, quiero aprovechar para cambiar en eso también, y dejar ya esa presencia estructural, con afán de ser transformadora, combativa (pacífica siempre), dura y ácida a veces, diplomática y persuasiva otras veces. Esa presencia constante dejando clara mi postura ante todas las cosas, como si fuera imprescindible hacerlo. No digo que no haya habido milagros en toda esa actividad de tantos años, pues se consiguió llegar a la presidencia de Navarra con mayoría absoluta (sin UPN ni PSN), o subir un 60% en mis primeras elecciones sindicales en mi sector (arrasando en algunos colegios como el mío, más de una vez), o tumbar iniciativas legales negativas en algunos momentos. Pero en general, las causas a las que más tiempo y esfuerzo he dedicado, no se han conseguido ganar: ni se nos devolvió lo recortado en la crisis, ni se ha conseguido el Convenio navarro en mi sector, ni el PAI se ha desmontado sino que sigue afectando cada curso a más alumnado, ni se ha dado al euskera la categoría de lengua oficial como el resto en todas las CCAA, ni se ha establecido una presión fiscal como la media europea, ni el fortalecimiento de los servicios públicos, ni la desaparición de la pobreza, etc, etc. El papa Francisco nos dice en Fratelli tutti (195), que "no siempre se trata de lograr grandes éxitos, que a veces no son posibles. En la actividad política hay que recordar que «más allá de toda apariencia, cada uno es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega. Por ello, si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida". En la nueva etapa me propongo seguir llevando buena noticia a mi alrededor, por que ¡ay de mi si no evangelizare!, lo qué me empobrecería yo el primero.

En la vida sencilla a la que aspiro ahora, en vez de tanto altavoz, voy a cultivar más el silencio, la discreción; también pretendo cuidar más el trato personal, la convivencia cercana, el valor de las cosas cotidianas y corrientes, pequeñas. Quizá me sorprenda de los frutos positivos que puede dar esa nueva forma de estar.

También pretendo mantenerme cerca de la gente pobre, sencilla, necesitada, de algún modo. En mis años de docencia siempre tuve alumnos/as así, por razones económicas, de etnia minoritaria, problemas familiares. También en mi última etapa he atendido a gente en precariedad laboral, con bajos salarios, situaciones delicadas. Siempre nos aportan más de lo que les damos. Ahora buscaré alguna labor asistencial que me acerque a esa realidad de la pobreza.

Aspiro también a cultivar facetas que no he trabajado tanto, como el mínimo cuidado del cuerpo, con el ejercicio adecuado para poder mantenerme autónomo, sin dependencia física ante la vejez. Así mismo, podré viajar en épocas que antes tenía casi vedadas, por mi trabajo.

Tengo una gran expectativa por cultivar aspectos creativos en el campo cultural, retomando la fotografía como cuando era joven, cultivando la escritura, que tanto me gusta, pero no ya como articulista sobre mil temas militantes, ni solo continuando con el relato de mis memorias ya comenzado, sino también adentrándome en la poesía, la novela (por qué no), el ensayo. De hecho, durante los últimos 3-5 años, en períodos sobre todo de verano, si había ocasión para un cierto relajo respecto a las obligaciones de mi empleo, a veces me venía la inspiración para escribir poemas, e incluso una posible novela, y hasta anotaba en ocasiones lo que las musas me susurraban. Pero luego, la vorágina de la tarea tan absorvente en la que he estado inmerso, hacía que ni yo mismo entendiera o recordara lo anotado. Por eso he dicho antes que me han sobrado 3 años de vida laboral.

Todo esto lo considero en parte mi trabajo a futuro, porque aunque no tenga ya empleo, siempre trabajaré (ora et labora), retomando en alguna medida la investigación histórica como cuando era joven, con el ordenador, en tareas del hogar...Si un día tengo nietos/as, estaré encantado de hacer tareas de cuidado, como me está tocando con los ascendientes, y disfrutaré de esa relación sin tanta responsabilidad como la de los hijos/as, pero tan llena de cariño como dicen quienes los tienen. También pretendo dedicar tiempo a visitar o quedar con amistades y familiares, pues durante muchos años no he tenido espacio para ello. Ni para visitar exposiciones con tranquilidad, o ir a espectáculos. Hasta podría ser que me apuntara a un coro o a un grupo de teatro, pues ambas actividades siempre me han atraído, y creo tener algunas dotes.

Supongo que el cambio me costará, de hecho ya llevo todo el verano reprimiéndome en ocasiones para no seguir en la dinámica de tantos años atrás. Pero hace mucho que este era mi horizonte soñado, y voy a tratar de hacerlo realidad. Ya no se verá tanto mi presencia pública, ni estaré en el escaparate, pero en realidad, cuando he estado, ha sido a mi pesar, pues nunca me ha resultado cómodo el protagonismo, y siempre he tenido un cierto miedo escénico, gustándome más estar en las bambalinas. Lo que sí tengo claro es que nadie es imprescindible, y yo por supuesto que tampoco, como he comprobado en tantas labores que he ido dejando los últimos años, y se han seguido haciendo quizá mejor.

Supongo que alguna gente que durante tantos años me ha seguido en redes me echará en falta, aunque tampoco voy a retirarme del todo, al menos como espectador pasivo, y en ocasiones más excepcionales, activo; y otra gente se alegrará de que desaparezca de escena, pues nunca le ha gustado mi posicionamiento y mi perseverancia. Me quedo con la aportación de tanta gente interesante en las redes, algunas de las cuales he desvirtualizado en la calle tras conocerlas de Twitter nada más. Les agradezco lo compartido. Y pido perdón por las veces que he sido desconsiderado o demasiado duro.

Por suerte, muchas veces en la vida he comenzado nuevas etapas, aunque ésta de la jubilación y la vejez tiene la pega de que es la última, y conllevará progresivas limitaciones y enfermedades, pérdidas y duelos. No sé si durará dos o cinco años más, como algunos de mis primos, o diez como mi padre, o más de 30 como mi madre, pero a veces tengo la sensación de empezar una etapa muy feliz en mi vida, como pocas veces antes he sentido. Ojalá sea así y la pueda vivir por muchos años con mi pareja de siempre.